Poniendo una almohada contra su cara para sofocar los sollozos, masculló:
-Todavía te amo. Solamente necesito. . . necesito continuar. Espero que lo entiendas.
Biton rodó a un lado, apretando contra su pecho la almohada, que ya no olía a Erik. La suave funda de algodón amortiguó sus sollozos, hasta que finalmente cayó en un sueño profundo.
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